Mama Negra
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La Mama Negra, SantÃsima tragedia (trajeada), fiesta de la CapitanÃa, es un teatro popular vibrante, colorido y mágico, que encapsula el alma cultural de Latacunga. Esta fiesta tradicional fusiona rituales indÃgenas con costumbres españolas en sincretismo con expresiones de fe religiosa, ofreciendo un espectáculo de música, danzas y coloridos trajes que enamoran a quienes buscan sumergirse en la autenticidad del turismo cultural ecuatoriano, y en especial, de esta original representación de un pueblo que agradece y baila para que la vida sea próspera y feliz.
En la actualidad, la ciudad de Latacunga tiene la dicha de mantener vivas dos versiones de la fiesta que han sido declaradas Patrimonio Cultural Intangible de la Nación, la versión original o ancestral es la que se celebra el 23, 24 de septiembre y el fin de semana siguiente, en honor a la Virgen de la Merced, realizada por vivanderas, devotos y donantes del mercado Pichincha y del sector de El Salto. Destaca el anonimato de los participantes por el mayoritario uso de máscaras y rostros pintados.
La segunda versión se realiza todos los años, el primer sábado de noviembre que no coincida con el feriado por el DÃa de los Difuntos (02 de noviembre) es organizada por el Municipio de la ciudad, los cinco personajes principales son ciudadanos destacados de Latacunga que han contribuido al desarrollo de la ciudad en diversos campos; mantiene la fe y el agradecimiento a la Virgen de la Merced por dar cuidado y bendiciones a la ciudad y sus habitantes. Es un evento turÃstico masivo de trascendencia nacional e internacional en el que Latacunga atrae la mirada de propios y extraños.Â
Sobre el origen la Fiesta de la Mama Negra existen varias versiones pero la que más ha calado en la sociedad Latacungueña, es aquella en que se explica la fiesta como un acto de fe y agradecimiento a la Virgen de las Mercedes por haber detenido la furia del coloso volcán Cotopaxi en una de sus erupciones, habiendo evitado la destrucción de la ciudad y manteniendo con vida al pueblo agradecido, que en su desesperación por la destrucción que se avecinaba con la erupción, se dirigió en aglomeración al cerro El Calvario, punto más alto de la ciudad, llevando vÃveres, música, bebida y la esperanza de que el manto protector de la Virgen de la Merced los mantendrÃa con vida.


